The Power Station, el supergrupo que sacudió los ’80
Resumen
The Power Station, el álbum debut del supergrupo homónimo formado por miembros de Duran Duran, Chic y el icónico Robert Palmer, fue reeditado por su 40° aniversario en formatos 2LP y 4CD, con material remasterizado, sesiones inéditas y grabaciones en […]
The Power Station, el álbum debut del supergrupo homónimo formado por miembros de Duran Duran, Chic y el icónico Robert Palmer, fue reeditado por su 40° aniversario en formatos 2LP y 4CD, con material remasterizado, sesiones inéditas y grabaciones en vivo, que invitan a revisar una de las fusiones más potentes de la década del ’80.
Lo que empezó en 1984 como un experimento casi casual terminó convirtiéndose en una cápsula sonora que capturó al mismo tiempo el estilo glamuroso de la new wave, la energía del rock y la raíz funk más visceral. La historia del disco tiene un origen poco convencional: Andy Taylor y John Taylor (guitarra y bajo, respectivamente), miembros de Duran Duran en la cúspide de su éxito mundial, decidieron explorar un proyecto paralelo que dejara atrás el synth pop pulido y se sumergiera en terrenos más crudos y musculosos.
Le pidieron al legendario baterista Tony Thompson (de Chic) que se sumara, trasladando el groove disco al hard rock con una contundencia que pocos músicos de la época podían igualar. De ahí nació la idea de The Power Station, bautizado con el nombre del estudio neoyorquino donde comenzaron las sesiones. El plan original de usar varios vocalistas se desmoronó cuando Robert Palmer, en plena forma, aportó su voz inconfundible y un carisma magnético que terminaría definiendo el sonido del álbum.
Michael Des Barres, el olvidado
Sin embargo, la historia del supergrupo incluye un episodio poco recordado: Michael Des Barres, cantante y actor británico conocido por su trabajo con Silverhead y Detective, fue vocalista provisional durante los primeros ensayos y preproducciones. Su participación no llegó al disco final, pero sí a la gira, cuando Robert Palmer decidió no sumarse a la misma.
El disco salió al mercado en marzo de 1985 con una mezcla que jugaba con texturas y ritmos que en ese momento eran raramente combinados de manera tan efectiva. El primer sencillo, “Some Like It Hot”, con sus baterías estruendosas y la voz suave pero in crescendo del gran Robert Palmer, se convirtió en un éxito instantáneo, trepando al top 10 del Billboard Hot 100 y consagrando a la banda fuera de cualquier caja estilística preexistente.
El segundo single, una versión electrificada del clásico de T. Rex “Get It On (Bang a Gong)”, también irrumpió en las listas, alcanzando posiciones altas tanto en Estados Unidos como en Europa. Este enfoque —tomar lo familiar y, sin traicionarlo, inyectarle una furia actualizada— fue parte del encanto del álbum: un puente entre generaciones y géneros.

Con temas como “Communication” y el funk-rock de “Go To Zero”, The Power Station logró algo que muchos proyectos paralelos sólo sueñan: no ser un simple pasatiempo de músicos consagrados, sino un testimonio de un momento artístico en el que las barreras entre estilos parecían fundirse con naturalidad. El álbum llegó al #6 en el Billboard 200, y su influencia se sintió en cómo bandas posteriores comenzaron a jugar con ritmos bailables sin perder actitud rockera.
The Power Station, intensos y breves
La aventura fue intensa y breve. La banda no llegó a realizar una gira extensa con Palmer en su formación original, ya que el cantante decidió retomar su carrera solista poco después del lanzamiento. Aun así, The Power Station quedó como un documento de una química creativa que trascendió la suma de sus partes, y el recuerdo de las primeras contribuciones de Michael Des Barres añade un matiz interesante: incluso los borradores vocales tuvieron impacto en la sonoridad final.
Hoy, al escucharlo en su edición remasterizada, lo que más llama la atención no es sólo la energía comprimida en cada pista, sino la sensación de que el disco celebra la libertad creativa sin concesiones. Los solos de guitarra, los ritmos de Thompson y la presencia vocal de Palmer no son ejercicios de virtuosismo vacío: son piezas de un rompecabezas que capturan un espíritu de experimentación y goce musical.

La reedición de 2026 no sólo recupera el álbum original en un vinilo de alta fidelidad y un box set que incluye actuaciones en vivo inéditas (como grabaciones de su presentación en Live Aid 1985), sino que también invita a redescubrir un momento en que las estrellas convergieron para crear algo mayor que la suma de sus trayectorias individuales.
En un panorama musical contemporáneo en el que los géneros se solapan de manera permanente, The Power Station suena hoy no como un objeto de museo, sino como un laboratorio de ideas que sigue influyendo en cómo los artistas mezclan funk, rock y pop sin perder identidad. Ese es su legado más duradero.
