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el inquietante encanto de Pluribus y un final que pide más

Resumen

El regreso más esperado del año generó una serie inesperada. Ese podría ser el resumen de lo que sucedió con la primera temporada de Pluribus, que marcó el regreso al formato de Vince Gilligan, el creador de Breaking Bad y […]

el inquietante encanto de Pluribus y un final que pide más


El regreso más esperado del año generó una serie inesperada. Ese podría ser el resumen de lo que sucedió con la primera temporada de Pluribus, que marcó el regreso al formato de Vince Gilligan, el creador de Breaking Bad y Better Call Saul. Estrenada en Apple TV, su nueva serie tiene en apariencia muy poco que ver con las dos que lo hicieron famoso: no es un policial, no es del todo “realista” y propone una trama alejadísima de los temas y asuntos de las anteriores. Pero si uno se adentra un poco más, descubre que los puntos de contacto están ahí. No solo porque transcurre en Albuquerque —la misma ciudad de Nuevo México en la que tuvieron lugar las otras—, sino porque, más allá de tener un punto de partida propio de la ciencia ficción, en el fondo lo que cuenta es el drama humano de una persona complicada y contradictoria enfrentándose a un grupo de “enemigos” que parecen más poderosos y mejor preparados que ella.

Que ella, en este caso, porque Pluribus tiene como protagonista a Rhea Seehorn: la actriz que se hizo famosa tras interpretar a Kim Wexler, la pareja y socia de Jimmy McGill (Bob Odenkirk) en Better Call Saul. Aquí, Seehorn encarna a Carol Sturka, una escritora de bizarras novelas de ciencia ficción que es una de las 13 “sobrevivientes” en todo el mundo a un extraño ataque extraterrestre que no se manifestó a modo de invasión, sino como un virus que se metió en las personas y las absorbió hasta transformarlas en una pacífica colmena humana, de amables intenciones y plácida apariencia. Esa “invasión” generó, de todos modos, varias muertes, una de las cuales fue la de la novia y representante de Sturka. Este detalle precipitó que la habitualmente tensa y malhumorada escritora se fijara como objetivo en la vida destruir como sea a esa colonia de extraterrestres que parece haber tomado los cuerpos de (casi) todos los humanos.

De entrada, Pluribus es una serie extraña, ya que está planteada por momentos como un unipersonal, con Seehorn siendo la única actriz durante largos ratos y hasta episodios enteros. Los “Otros” —como llama al resto de la humanidad— son amables, gentiles con ella y hasta le envían a una comprensiva “asistente” llamada Zosia (Karolina Wydra), cuya tarea visible es ayudarla a adaptarse a este nuevo mundo. Pero, en el fondo, los Otros tienen la no tan secreta intención de convertir también a Carol, sumarla a su colmena. El conflicto central de la serie pasa por el hecho de que esta “colmena” no puede aceptar que existan personas que no se integren. Carol es una rebelde y su objetivo, aunque lo disimulen con sonrisas, es convertirla.

Una particularidad de los Otros, además de que piensan todos lo mismo todo el tiempo (no usan la primera persona, sino la tercera, al hablar) y de que poseen el conocimiento de las vidas e historias de todos, es que no pueden mentir ni negarse a solicitudes o pedidos que se les hagan. Y eso genera un conflicto raro en términos dramáticos, ya que aquí no hay —o no parece haber— trampas ni secretos. Los Otros saben lo que Carol hace, pero no pueden oponerse formalmente a ella ni negarle acceso a lo que quiere, aun cuando eso vaya en contra de sus intereses. Si quiere matar a algunos y les pide un arma para hacerlo, se la darán. Y así con todo. El desafío para los autores es sostener un conflicto sin utilizar los habituales secretos y mentiras que suelen servir para ese fin dramático.

Este antihéroe de Albuquerque enfrentado a rivales que en apariencia son más fuertes y poderosos —como los narcos de Breaking Bad o el bufete de abogados de Better Call Saul— no es la única conexión que la serie tiene con el mundo previo de Gilligan. Hay algo en su puesta en escena, en las largas secuencias que siguen el minuto a minuto de un hecho en apariencia insignificante, o en algunas escenas silenciosas y solitarias con Seehorn como única protagonista, que remeda el modo de narrar que el realizador hizo famoso en aquellos clásicos. Por momentos, Pluribus se dedica a observar, paso a paso, un hecho determinado en detalle: la búsqueda de un objeto desconocido, los fallidos intentos de grabación de un video o la larga construcción de algo que solo al final sabremos qué es. Esos estilizados recursos para crear suspenso son marca registrada de la casa y le dan al espectador una sensación de familiaridad con la serie.

De todos modos, la propuesta dramática y narrativa de Pluribus es, por lo menos, curiosa. Temáticamente, lo que propone es un regreso a la pura y dura ciencia ficción paranoica de los ’50, cuando películas como El día que paralizaron la Tierra o La invasión de los usurpadores de cuerpos ponían en escena los temores de la Guerra Fría. Pero, en la práctica, la serie pone más el acento en el drama humano y personal de la protagonista que en entrometerse en asuntos propios del género: no hay criaturas extrañas ni, salvo por algunos detalles, tramas demasiado complejas ligadas a la invasión extraterrestre en sí. Gilligan maneja ese elemento más como una excusa para centrarse en el dilema de una protagonista que, en un momento, parece empezar a plantearse si tiene sentido seguir dando una batalla que parece perdida.

Quizás el eje que vuelve especial a Pluribus sea que no es tan claro quiénes son aquí los héroes y quiénes, si se quiere, los villanos. Al seguir el punto de vista de Carol, el espectador tenderá a ponerse de su lado: el de alguien furioso y obcecado por encontrar la manera de que las cosas vuelvan a ser como antes. Pero ¿y si esas cosas no estaban tan bien antes de la invasión? ¿Y si la vida de Carol no era tan maravillosa ni su personalidad tan atractiva? Al ver cómo vive, piensa y siente la siempre enojada Carol frente a la amable y, al parecer, humanista y comunitaria forma de ver el mundo de los “invasores”, ¿no tendría sentido pensar que quizás la equivocada es ella? La aparición, promediando la temporada, de otros personajes llevará esta tensión aún más lejos.

De un modo más filosófico, Pluribus parece hablar del futuro del planeta y de la humanidad. Y ahí quizás no sea tan de ciencia ficción, sino un tanto más realista. Se podría pensar a esta mente universal distribuida en una población conectada entre sí como una metáfora de la inteligencia artificial: una “colmena” que podría manejar todo el conocimiento del mundo, una mente maestra que todo lo sabe y todo lo conoce, y que propone —o parece proponer— un futuro sin conflictos. Como la IA, sus “representantes” se muestran amables, nos tratan bien, no nos mienten y aseguran estar de nuestro lado, pero en el fondo no sabemos cuáles son sus verdaderas motivaciones. Ni tampoco, lo más importante, qué o quién los controla y qué intenciones tiene. «



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