“La moribunda” de Urdapilleta y Tortonese regresa en un presente todavía más oscuro
Resumen
“La risa es la última expresión de la desolación”, dice Malena Miramontes Boim, citando de memoria a Henri Bergson. Dirige La moribunda, la obra de Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese que, hace casi 30 años, irrumpió en otro clima de […]
“La risa es la última expresión de la desolación”, dice Malena Miramontes Boim, citando de memoria a Henri Bergson. Dirige La moribunda, la obra de Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese que, hace casi 30 años, irrumpió en otro clima de época igual de asfixiante. Sin buscarlo, en esa frase define una manera de entender el teatro, los vínculos y la relación con el otro.
“Reflexiona sobre esos tres tipos de conflicto: con uno mismo, con el otro y con el entorno -ahonda sobre la obra y su elección-. Desde la parodia, el humor; me parece que hay algo de la comedia que es lo más cercano a la realidad como mimética, mucho más que el realismo. La comedia nos acerca de una manera mucho más rápida y más efectiva a las problemáticas y los desafíos que tenemos en la vida diaria, y el amor es un tema muy complejo para cualquier ser humano. Hay algo del tratamiento de los temas difíciles o complejos de cualquier vida, de cualquier ser humano, que la comedia, ni siquiera la comedia, lo cómico, refleja mejor.”
En algún tipo de refugio no del todo bien definido, dos hermanas, Kara y Karen, sobreviven al encierro mientras su hermana mayor, Kiri, agoniza en el cuarto de arriba. Afuera, una guerra indeterminada; adentro, la descomposición de todo lo conocido. Así reza la sinopsis. “Hay una frase muy importante de la obra, que es que una le pregunta a la otra: ¿Qué es el amor? ¿Vos lo entendés? Yo no lo entiendo”, intenta resumir Boim el estado de desesperación de los personajes que le toca llevar a escena, hacerlos transitar con todos los riesgos posibles pero sin ponerlos en riesgo, y cerrar, manteniéndolos indemnes pero modificados hasta la próxima función, su historia.

“Es sencilla y no es sencilla a la vez -habla desde su lugar de dirección-. Tiene la complejidad propia de la vida, que tiene que ver con situaciones trágicas o complejas que nos pasan y cómo canalizarlas, que tienen que ver con la muerte, con el amor. Y es sencilla porque hay una forma, desde el humor y la risa, que tiene el tratamiento de todos estos temas, que lo hace llevadero. De alguna manera, la esencia del ser humano, de su complejidad, como de su máxima expresión. Ellas son dos hermanas que están enfrentadas a una situación de cuidados paliativos de una tercera hermana que se está muriendo, y a la vez afuera hay un contexto de guerra, de pandemia -no termina de quedar claro, digamos-, muy similar a lo que nos pasó a nosotros en la pandemia hace seis años. Entonces, ¿cómo, a través de la fantasía y de la imaginación, la creatividad, digamos, en general, uno puede generar momentos de felicidad y de alegría y transitar con risa y con humor situaciones que son de mierda?”

En el mundo en que Urdapilleta y Tortonese presentaron su obra se creía que el estado de situación era definitivo. No en el sentido de final, sino en el de para siempre. Lo que quedaba, casi como obviedad entonces, era reírse de él; y sobre todo de nosotros mismos, partícipes necesarios de haber llegado a ese punto. Pero aquel era un mundo en el que la ironía, la parodia, la mordacidad, si bien no eran moneda corriente, se podían conseguir con una asiduidad que hoy se parece al milagro. “Creo que hay dos respuestas respecto a esto. Una relativa al nivel de contexto histórico. Creo que hay un problema actual que tiene que ver con la dificultad de la elaboración del material propio.” El fácil acceso a una tecnología (que va del teléfono a la inteligencia artificial, que “incluso hace que la gente ya tenga más dificultad para leer”) llevó a la pérdida “del autografismo, o sea, la expresión gráfica, escribir con papel, dibujar. Leer y producir imagen en nuestra imaginación, y no que sea Netflix”. “Y la parodia, justamente para poder ser tomada como tal, implica un receptor que pueda elaborar un texto propio en función de eso que recibe. Que nos produzca risa, que nos dé gracia algo, tiene que ver con una elaboración propia, con ser un espectador activo, digamos.”
La respuesta que también le despierta la misma pregunta a Boim es que se inscriben en el ámbito del “tómalo o déjalo”. “Cuando el humor trata temas tan difíciles desde la parodia, sugiere un tipo de público que sí o sí tiene que estar abierto a eso”.
Actualmente, Miramontes Boim, además de La moribunda, dirige La Madonnita, de Mauricio Kartún. “Son dos materiales muy, muy diferentes, y cada uno presenta un desafío muy distinto. La Madonnita tiene la complejidad propia de un texto de Kartún, donde el texto tiene un nivel de protagonismo; la discursividad de los personajes tiene un nivel de protagonismo. Y uno de los grandes desafíos ahí como directora fue qué pasa más allá de lo discursivo, dónde está la acción en esta obra y cómo hacemos convivir la presencia de la acción.” En cambio, en La moribunda se tuvo que meter con una cuestión “mucho más lúdica, mucho más que permite mucho todo”. Entre esos dos andariveles, uno se pregunta, en voz alta, si no teme que la cosa, por así decirlo, se le zafe. “El principio del juego tiene que ver con también creérsela”, dice risueña, provocando la risa y el pensamiento. “Uno no puede jugar si no cree en las reglas del juego. No solo el trabajo de producción de una obra, sino también en lo que hace a la esencia del teatro, tiene que ver con el momento presente del encuentro entre lo que pasa en escena y lo que pasa con un espectador. Hay que estar abiertos a lo inesperado. A separar lo inesperado y valorarlo como tal. Creo que el principal temor es hacer algo que no es. No te quiero vender gato por liebre, digamos. Si no, es como el médico que te receta hacer actividad física pero se está fumando un pucho y comiendo una hamburguesa sin hacer nada, ¿viste? Como que hay algo que no hace sistema. Bueno, no. Acá tratamos de que haga sistema. Creo que es el mayor desafío de un director. Y me animo a decir que un director, en cualquier situación laboral que incluso excede el teatro, hacer sistema es el mayor logro.”
La moribunda
Autoría: Humberto Tortonese, Alejandro Urdapilleta. Actuación: Darío Sernates (Karen), Juan Rutkus (Kara). Dirección: Malena Miramontes Boim. Jueves a las 20.30, Ítaca Complejo Teatral (Humahuaca 4027).
