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Estados Unidos: gobernabilidad en entredicho

Resumen

Las elecciones de medio término en Estados Unidos amenazan con afectar la gobernabilidad de Donald Trump, en un momento en el que su popularidad no para de caer. El mandatario tiene una tasa de aprobación negativa en estados clave, que […]

Estados Unidos: gobernabilidad en entredicho


Las elecciones de medio término en Estados Unidos amenazan con afectar la gobernabilidad de Donald Trump, en un momento en el que su popularidad no para de caer. El mandatario tiene una tasa de aprobación negativa en estados clave, que hace poco más de un año le garantizaron la victoria; e incluso en Texas, donde los republicanos se imponen desde 1980, el 56% desaprueba su gestión. En este contexto, el líder republicano no disimuló su nerviosismo: acusó a su equipo de no difundir sus logros, dijo que las elecciones de noviembre no tendrían que realizarse, denunció que el sistema de votación estaba amañado y advirtió que, si perdiera la mayoría en el Congreso, los demócratas impulsarían un impeachment en su contra.

Por este motivo, les pidió a los republicanos que continuaran rediseñando distritos con fines electorales, y que avanzaran urgentemente en algunos cambios, como la exigencia de presentar una identificación que probara la ciudadanía, o la restricción del voto por correo, usado mayoritariamente por los demócratas. Ante las declaraciones del presidente, que llegó a decir que el país podría dejar de existir ante una eventual derrota de los republicanos, el líder de la oposición en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, advirtió que no iba a permitir que Trump se robara la elección, y denunció una deriva autoritaria que ponía en riesgo el sistema democrático.

Si bien los gobiernos suelen perder legisladores en las elecciones de medio término, las perspectivas negativas de los conservadores responden a varios factores, entre los que se destaca la política antiinmigratoria. El gobierno pudo cumplir con su promesa de sellar la frontera sur a la entrada de indocumentados; y sin embargo convirtió la cuestión en una debilidad por los excesos de los agentes de ICE, que actúan enmascarados y con vehículos no identificados, irrumpen en inmuebles sin orden judicial y realizan detenciones al azar, guiándose por raza, lengua, barrio o cultura. Y la indignación se disparó tras dos asesinatos injustificados, profundizándose después de que el gobierno protegiera a los agentes tildando a las víctimas de terroristas.

Trump ya recibía algunas críticas de sus partidarios tras deportar extranjeros a una cárcel salvadoreña acusada d violar los DD HH; y el caso de Andry José Hernández, un maquillador homosexual que había solicitado asilo y terminó en el CECOT, fue visto como algo horrible y cruel. Y aún así, el gobierno redobló la apuesta. La Casa Blanca anunció la reclusión de migrantes en Alligator Alcatraz, un centro de detención en Florida donde, según Amnistía Internacional, tienen lugar torturas y desapariciones forzadas. El presidente reconoció que era algo “un poco controvertido”, pero aclaró que era lo que menos le importaba. Si bien la base Make America Great Again sigue aplaudiendo, para algunos republicanos moderados se había ido demasiado lejos, y varios legisladores se mostraron preocupados por las consecuencias políticas, dado que sólo el 39% aprueba estas medidas.

En otro orden, la desregulación ambiental hace tiempo que pasó a ser algo ideológico, por lo que no tendría demasiado impacto; mientras que la Casa Blanca intenta hacer control de daños por la desclasificación de los archivos del delincuente sexual Jeffrey Epstein, aunque ya se demostró que Trump es inmune a estas polémicas. No obstante, si bien estas cuestiones profundizan la polarización y refuerzan la ruptura social, las elecciones no podrían ser explicadas sin el factor económico. El gobierno presenta buenos números de empleo, la economía crece; y, al mismo tiempo, el aumento de precios sigue estando por encima de lo aconsejado por la Reserva Federal. Además, mientras la Casa Blanca asegura que trasladando costos al exterior mediante la imposición de aranceles acabará bajando la inflación, muchos advierten que estos impuestos se trasladarán a los precios, y los terminará pagando la gente.

De esta forma, si se logra consolidar un crecimiento sostenido, el oficialismo podría amortiguar el desgaste tradicional que se percibe en las elecciones de medio término; de lo contrario, la coyuntura económica le dará a la oposición las herramientas para crear un relato convincente sobre el agotamiento del modelo. El escenario global incierto hace todavía más difícil de predecir el desenlace; pero está claro que los próximos indicadores serán un factor clave en la arquitectura institucional que emerja tras las urnas, y determinarán el margen de acción política del Ejecutivo.



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