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“Verse monstruosa ayuda para construir un monstruo”

Resumen

En el barro, la serie cuya segunda temporada Netflix estrenó este viernes –y que seguramente tendrá más opus– tuvo gran difusión al comienzo como una derivación de El marginal, la popular serie que se consolidó como un modelo de relato […]

“Verse monstruosa ayuda para construir un monstruo”


En el barro, la serie cuya segunda temporada Netflix estrenó este viernes –y que seguramente tendrá más opus– tuvo gran difusión al comienzo como una derivación de El marginal, la popular serie que se consolidó como un modelo de relato carcelario. Si aquella comenzó con cierta impronta de thriller, incluso con toques políticos, en su primera temporada, pero devino finalmente en un relato de mera marginación y violencia llevada al extremo, esta versión de cárcel de mujeres deberá encontrar su propia identidad si no quiere terminar en pura macchietta.

Tiene logros indiscutibles, especialmente en la elección del elenco, con grandes actrices tanto en roles protagónicos como secundarios, además de introducir figuras de espacios alternativos a la actuación y estrellas como, en este caso, Eugenia “la China” Suárez. Esta nueva temporada parece proponer nuevas búsquedas narrativas y limpiar un poco el formato sexploitation típico del género y exageradamente presente en la anterior –aquí las escenas de sexo parecen algo más justificadas dramáticamente–. Incluso el personaje de Gerardo Romano, Sergio Antín, dejó de ser un mero estereotipo puteador y coimero para rescatar su faceta más de tahúr.

En estos ocho capítulos aparecen bien trabajadas escenas en el exterior de la cárcel, asociadas a tramas cercanas al policial o al thriller, y se articula también la novela romántica, con devenires no siempre felices. Allí parece haber alguna búsqueda de identidad propia. Estas líneas conviven con reiteraciones de relaciones al interior de La Quebrada, así como con un núcleo narrativo que repite algo ya visto en la primera temporada de El marginal, lo que pierde potencia dramática.

Verónica Llinás es La Gringa, personaje definitivamente malo, pero que, a diferencia de otros caracteres del género, ejerce una maldad que precede a cualquier interés o especulación. Eso hace que tenga momentos cercanos al terror. Su trabajo tiene una base en la tradición del teatro físico, muy potente en los años posdictatoriales, que le aporta una capacidad de ocupación del espacio dramático vital para que el poder sea mucho más que dar órdenes. Junto a ella, en un juego de silencios y secretos, se destaca el trabajo de Lola Berthet, que potencia, a partir de códigos actorales compartidos, ese dominio del escenario carcelario.

“No tuve ninguna relación con ninguna cárcel ni con ningún tipo de encierro. Pero no me cuesta imaginarla”, explicó Llinás a Tiempo sobre la distancia entre la serie y la situación de las mujeres privadas de la libertad en la vida real. “Tengo claro que es ficción y no me sentí con la responsabilidad de tener que mostrar las cosas exactamente como son, ni creo que la serie la tenga. Porque, justamente, es ficción: no un documental”.

En muchos pasajes La Gringa infunde miedo de verdad. Es un personaje construido apelando a claves del género de terror, obviamente adecuado a la situación.

Verónica Llinás: “Verse monstruosa ayuda para construir un monstruo”
La Gringa despliega una violencia inimagible.

-¿Cómo trabajaste para transmitir ese miedo permanentemente?

-Fue una premisa muy clara desde el comienzo. Querían que el personaje fuera un monstruo, que diera miedo. En el trabajo para encontrarlo, cuando construimos un personaje así, hay muchos procesos que no necesariamente son conscientes. Yo intuía que tenía que ser un personaje explosivo. Alguien que no es el típico malo calculador, maquiavélico, que teje todo minuciosamente, sino un personaje que explotaba. Alguien que padecía su propio carácter. Y como podría decir que soy una persona bastante explosiva, en el sentido de que soy rabiosa, que a lo largo de mi vida he tenido que controlar esos arranques, generalmente cuando sentía injusticia me violentaba y me ponía muy explosiva. Entonces tenía que recuperar un poco esa vieja sensación de furia y construirla desde ahí, como la gente que padece su propia furia. Tenía que ir por ahí, y por pensar oscuramente. Después hay todo un proceso que se vincula a ese algo misterioso de la actuación, como una especie de programa que corre en segundo plano, ese programita que va recopilando cosas y empapándose de pensamientos y de oscuridades que uno no maneja.

Verónica Llinás: “Verse monstruosa ayuda para construir un monstruo”
Verónica Llinás.

-¿La caracterización física cuánto te sirvió para esto?

-Sirvió muchísimo, porque realmente verse monstruosa ayuda para construir un monstruo. Me costó aceptar eso, sobre todo teñirme el pelo. Hace mucho que hago cosas con Sebastián Ortega y siempre me quiere teñir el pelo. Le pedí por favor que no me lo hicieran, y aceptó. Fue muy graciosa la anécdota, porque le cambiaron el nombre al personaje y le pusieron La Gringa como para justificar que fuera rubia. El día que íbamos a hacer una prueba de cámara, de peinado y qué sé yo, viene Sebastián al lugar donde estábamos y me dijo (Llinás lo dice suavemente, como si fuera al oído): “teñite, teñite. No te la pierdas, el personaje con el pelo oscuro va a dar otra cosa”. Y tenía razón. Para mí es un coñazo teñirme el pelo, pero tiene razón. La dureza que le da el pelo oscuro al personaje no tiene parangón.

-Es un personaje que ni siquiera en los momentos en que expresa cualquier cosa parecida al afecto puede tener un gesto mínimo de ternura.

-Eso es tremendo, hasta cuando acaricia es bruta. De todas maneras, no quise hacer un personaje de un solo frente, de un único perfil. Por eso busqué que fuera una persona que no solamente ejerza la violencia, sino que padezca su propia violencia. Alguien a quien no le hace bien ser violenta, pero no puede ser de otra manera. Por eso cuando le pega a Nicole, llora. No pega fríamente, como diciendo “mirá lo que te hago”: a ella le duele hacer eso. Lo mismo con la hija, a la que cuida de una manera muy brutal, aunque en definitiva la cuida.

-¿Cuánto te obligó La Gringa a trabajar lo corporal?

-Tuve que trabajar la postura, sacar la panza afuera, adoptar la forma masculina de caminar. Una cosa que hacía mucho para caminar así era pensar que tenía huevos, sentirlos al caminar. De todos modos, no es algo que me cueste mucho el manejo corporal con los personajes. Yo vengo del teatro corporal, de un lugar donde es más fácil entrarle al personaje por lo corporal, por la posición física, más que por lo interno. De todos modos sentía que este personaje había que atacarlo por todos los frentes: por lo corporal, pero también por lo interno.

Verónica Llinás: “Verse monstruosa ayuda para construir un monstruo”
Ana Garibaldi sigue componiendo un personaje clave en la segunda temporada de En el barro.

-Aun entendiendo que el apodo Gringa viene por alguna característica física, siento que también es interesante pensar que ella es la otra, la de afuera, la que no es del lugar. Porque además es la única de la que no conocemos la historia previa. No se sabe por qué cayó ni cómo llegó a ser la capanga del lugar. ¿Eso no estuvo nunca puesto en juego en la construcción de la historia?

-No, y tampoco necesité saberlo. Entré ahí con ese estatus y no necesité saber por qué. Pero es verdad lo que decís de la Gringa en ese sentido. Es La Gringa porque iba a quedar rubia, pero Sebastián Ortega me engañó y me fue llevando.

-En alguna entrevista comentaste lo que significó para vos grabar El marginal en la cárcel de Caseros. ¿Hay diferencias entre la experiencia de filmar en una cárcel real, más allá de que está deshabitada, y en un escenario construido ficcionalmente para la ocasión?

-En Caseros había una energía muy densa. Se sentía una cosa oscura. No porque fuera feo o hiciera frío o estuviera sucio. No, es una cosa más allá de eso. Es como si todas esas penurias humanas acumuladas ahí todavía siguieran vibrando. Esa era un poco la sensación. Acá era distinto. Era incómodo, sí, porque era un lugar gigante. Por suerte no me tocó cagarme de frío como a mis compañeras en la primera temporada. Fue todo bastante más benévolo. Era más que nada cierta incomodidad, estar en un lugar feo, pero no era lo mismo que esa densidad. Además, en El marginal era estar rodeada de hombres, y hombres pesados, eso también tenía una cuota de densidad. Acá éramos todas mujeres, es otra cosa.«

Verónica Llinás: “Verse monstruosa ayuda para construir un monstruo”
Silvina Sabater y Lorena Vega.

Llinás compone a La Gringa con una actitud brutal.

La segunda temporada de En el barro busca consolidar una identidad propia.

En el barro 2

Productor y Director General: Sebastián Ortega. Directores: Alejandro Ciancio y Estela Cristiani. Elenco: Ana Garibaldi, Verónica Llinás, Eugenia Suárez, Lorena Vega, Julieta Ortega, Inés Estévez, Lola Berthet. Disponible en Netflix.

Siempre pagan los más vulnerables

Aunque En el barro no es una serie documental, ni mucho menos, busca dar cuenta de su realidad. La cuestión del punitivismo, la justicia y las condiciones de encierro no estuvieron ajenas a la conversación. “Está clarísimo que las cárceles no son ningún organismo de reinserción, que es lo que debieran ser. Un poco lo mismo pasa con los manicomios, ya que en realidad los ponen ahí para que se vayan secando y se mueran de una vez. Sería muy ingenuo pensar en un mundo donde eso funciona, pero supongo que hay lugares en el mundo donde las cárceles pueden ser un organismo de reinserción. No son las nuestras. Por otra parte, es muy loco el criterio de encierro. Porque después vos ves que está el presidente de los Estados Unidos en los informes Epstein, garchándose a pendejitas de ocho años, y presidiendo el mundo entero. O sea, los grandes delincuentes no pagan y pagan los perejiles».

Verónica Llinás: “Verse monstruosa ayuda para construir un monstruo”
“Tengo claro que es ficción y no me sentí con la responsabilidad de mostrar cómo son las cosas en una cárcel real”.

Llinás y un thriller político

En el mes de marzo comenzará a rodarse el nuevo proyecto de Netflix del que Verónica Llinás será parte. Se trata de un thriller político, que co-protagoniza con Peter Lanzani, dirigido por Santiago Mitre y escrito por Mitre y Mariano Llinás. “Mi personaje es una madre a la cual le desaparecieron un hijo, sin decirle dónde está ni nada”, cuenta todavía con limitaciones sobre qué revelar. “Entonces empieza buscarlo. Luego de ser rechazada por un montón de organismos, que se supone que no saben, decide organizarse con otras que están en la misma situación, y ahí se produce una infiltración. Por eso la película está atravesada por el thriller, porque este hay una persona que se infiltra en ese movimiento de personas, y bueno, ya sabemos un poco lo que sucede”. Más allá que para quienes conocen la historia de la dictadura esta historia tiene un nombre propio, Llinás destaca que es una película pensada para atrapar a todos los públicos. 



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