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Que se vacune el que quiera” es “que se muera el que se tenga que morir

Resumen

Cuando me informaron el diagnóstico de cáncer de mi hija menor, lo primero que dijo la médica –una de las jefas del equipo de hemato oncología de uno de los hospitales más importantes del país- es que no había un […]

Que se vacune el que quiera” es “que se muera el que se tenga que morir


Cuando me informaron el diagnóstico de cáncer de mi hija menor, lo primero que dijo la médica –una de las jefas del equipo de hemato oncología de uno de los hospitales más importantes del país- es que no había un porqué. Que no hay una causa que explique la leucemia. Que no es por una cuestión genética, ni hereditaria ni obedece a otro factor identificable –aún- por la ciencia. Que le puede tocar a cualquiera.

Pensaba en eso cuando escuchaba a la antivacunas Chinda Brandolino hablar sobre la “epidemia de cáncer pediátrico”. Y decir que “no hay ninguna duda entre todos los médicos que nos hemos reunido hoy que esto se debe por lo menos en un 95%, si no el total, a la vacunación”. Agregó, por si hiciera falta aclararlo, que era “intención de este encuentro pedir la derogación de la obligatoriedad de las vacunas. Que se vacune el que quiera”. Viva la libertad, carajo.

La gravedad que conlleva que esto se haya dicho en el Congreso de la Nación es difícil de transmitir con palabras. O al menos con palabras que no sean insultos. Está mal apelar a anécdotas y experiencias personales cuando abunda la evidencia científica para retrucarle a esta gente, pero me tomo el atrevimiento de hacerlo igual.

El equipo de expertos en hemato oncología que diagnosticó y trató a mi hija también indicó al núcleo familiar refuerzos extra en vacunas contra gripe y covid. Para formar un escudo protector hacia la más pequeña, que a causa de la quimioterapia estaba neutropénica: sin defensas. Las vacunas de su entorno la protegían a ella, que no podía vacunarse en ese momento (sí se lo indicarían después, al terminar el tratamiento, hasta tener el calendario obligatorio al día).

Cuando seres como Brandolino -invitada por la diputada del PRO Marilú Quiroz y avalada por el libertario Martín Menem para exponer en la Cámara de Diputados- acusa a las vacunas de ser responsables de autismo y cáncer pediátrico e insta a no vacunarse está atacando justamente a pacientes pediátricos con cáncer (entre otras personas inmunosuprimidas). Son esos cuerpos sin defensas propias los que corren más riesgo de enfermarse y morir por la irresponsabilidad de difundir discursos antivacunas. “Que se vacune el que quiera” equivale a “que se muera el que se tenga que morir”. Que ese mensaje se propague desde el Congreso es criminal.

Y algo más. Cuando se recibe un diagnóstico de cáncer pediátrico, aunque los equipos médicos expliquen que no hay una explicación, es inevitable preguntarse por qué. Por qué a tu hijo o hija. Por qué a tu familia. Lo mismo ante los casos de autismo, también mencionados en la pseudocientífica argumentación de Brandolino y compañía. Que alguien ose responsabilizar a madres y padres que vacunaron a sus hijos e hijas por el cáncer que les tocó en suerte sufrir es de un nivel de crueldad que solo puede ser tolerado en una sociedad anestesiada ante la maldad.

Postdata 1: Al hablar de la “epidemia de cáncer pediátrico” y acusar a las vacunas, Chinda Brandolino afirmó –atribuyéndole el dato a la ministra de Salud del gobierno anterior- que entre 2012 y 2022 esos diagnósticos subieron un 750%. Casi en paralelo se difundía un estudio realizado en España que refleja que la incidencia del cáncer infantil se mantuvo estable desde el año 2000.

Postdata 2: Chinda Brandolino adquirió cierta visibilidad durante las discusiones por el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, por supuesto con una postura anti aborto. Y luego durante la pandemia de Covid-19, cuando se dedicó a difundir información falsa sobre el Covid-19 en particular y sobre las vacunas en general. Entre sus frases célebres se encuentran, por ejemplo, que “las vacunas de ARN mensajero ingresan al núcleo celular para modificar o manipular el ADN” y que “los fetos abortados se utilizan para elaborar las vacunas triples virales”. Pese a esos antecedentes, se le dio lugar para exponer en el Congreso de la Nación.

Posdata 3: El evento convocado por Quiroz se titulaba, en su convocatoria original para octubre “¿Qué contienen realmente las vacunas?”. Ante los repudios y pedidos de suspensión –que, evidentemente, no alcanzaron- se reprogramó el encuentro para noviembre, con un cambio en el título: “¿Qué contienen realmente las vacunas Covid-19?” Para sorpresa de nadie, el encuentro fue un manifiesto contra la vacunación en general, y apuntó directamente contra el Calendario Nacional Obligatorio. Qué peligroso, qué triste.



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